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Oscar Cerezal
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Ya comentaba hace tiempo que la galaxia verde andaba replanteándose la creación de un nuevo amplio movimiento político. A este proyecto se ha sumado el ex director de Greenpeace, Juantxo López de Uralde y otros dirigentes del ecologismo social y cuenta con la colaboración de Iniciativa per Catalunya y el Partido Verde Europeo. Eso sí, aún no esta nada claro si va a ser posible y con que forma. Lo que si es evidente es que el proceso que se quiere iniciar está inspirado en los éxitos de la ecología política en Francia y Alemania.
El modelo francés, que está cerca de ser segunda fuerza política tras la gobernante UMP -que también está desarrollando una corriente ecologista desde el centro derecha aperturista de Sarkozy-, se basa en la suma de numerosas personas, colectivos, partidos etc., en una nueva fórmula organizativa denominada Cooperativa Política, diferente del partido clásico y donde desde la base se ha construido una estructura que articula todo el país, con un discurso nada izquierdista, sino transversal y superador de la dinámica de izquierda o derecha, que sea capaz de integrar tanto al campesino rural preocupado por la desforestación que tradicionalmente votaba a la derecha gaullista y a las clases medias urbanas concienciadas por el cambio climático y desencantadas de la izquierda clásica. La reciente integración de numerosos cuadros provenientes del centrista Modem -heredero del centro democristiano- es un ejemplo de lo que digo. Es decir, es una fuerza de nuevo tipo, que aunque nace en principio orientada a la izquierda, la supera y abandona, integrando en ese camino a los movimientos sociales huérfanos hasta el momento de opción partidista y a los ciudadanos que desconfían de los partidos políticos tradicionales. Algo similar sucede con los Verdes alemanes, que son considerados tras una larga travesía como un partido de centro y articulan mayorías parlamentarios unas veces con los socialdemócratas y otras con liberales y democristianos.
Complicada adaptación a esta cultura política para un país como el nuestro, acostumbrado a viejos dogmas y articulaciones bipartidistas y donde una parte del ecologismo social está situado en la extrema izquierda; y donde además los verdes suelen carecen de un proyecto político global y se conforman con ser candidatos a concejales de parques y jardines o consejeros de medio ambiente en gobiernos de coalición, lo que es sin duda una pobre carta de presentación ante la ciudadanía, que ve como ese papel ya lo pueden cumplir los partidos tradicionales. Aunque es verdad que el gobierno Zapatero nos defraudó a muchos dentro y fuera -y lo digo yo bien claro, que soy representante socialista en la Comisión de Medio Ambiente de la FEMP-, tras la salida de Narbona del gobierno y el PP está ausente de este debate salvo honrosas excepciones a título individual como el de Juan Costa. Y eso puede ayudar.
En cualquier caso, el proceso español aunque interesante y novedoso tras muchos años de diaspora, oportunismo y sectarismo en el campo verde -los que vivimos de cerca la operación Mendiluce en el año 2002 y 2003, lo podemos atestiguar- es cuanto menos una incógnita, puesto que no se sabe que camino quiere seguir. Ante una izquierda de origen comunista jurásica y sin futuro y una socialdemocracia paralizada y a la defensiva fruto de la falta de respuestas consecuentes ante la crisis, no hay duda de que esta operación Uralde tiene una oportunidad que no tuvieron sus antecesores en el intento. Solo queda saber que espacio pretende ocupar, si el de una tercera izquierda -para lo que le hará falta manifestar el hilo rojo en sus propuestas- o de un tercer polo -eso sí de corte ecologista y post-capitalista- entre socialistas y populares -espacio transversal donde ya se encuentra intentando sacar la cabeza la UPyD de Rosa Díez, aunque con otras claves-. De eso depende que podamos saber de que pie cojea el nuevo proyecto. Del izquierdo o de los dos
Ahí también estará la clave de su éxito, además de en las figuras que sea capaz de integrar.
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Oscar Cerezal
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Me estoy documentando para empezar a escribir un ensayo sobre la evolución de las corrientes del centro derecha en nuestro país -ya lo se
el enésimo ensayo que empezaré y quien sabe si terminaré- para lo que acabo de terminar el libro Manuel Fraga Iribarne y su tiempo de Manuel Penella -que fue el último secretario de Dionisio Ridruejo y responsable de perdurar su memoria a través de su archivo-, un texto que se lee muy bien y que desgrana la trayectoria vital y política de Fraga. Pero aparte del interés que pueden suscitar las andazas y trayectoria del político gallego, para mi este libro sobre todo tiene un alto interés por la radiografía que desgrana sobre el tiempo de la transición y los últimos años del tardofranquismo en el ámbito de centro y centro derecha.
Mantiene Penella, a través del análisis de programas y propuestas en documentos e incluso en las aportaciones al debate Constitucional, que el consenso de la transición se pudo hacer porque existía dicho consenso, precisamente en lo económico desde un punto de vista socialdemócrata entre quienes provenían del reformismo franquista y se consideraban la izquierda del régimen -los azules provenientes del Frente de Juventudes y las teorías joseantonianas- y la oposición -tanto la moderada de los democristianos impregnada de la Doctrina Social de la Iglesia o la más rupturista y de izquierda con socialistas y comunistas a la cabeza-. Interesante interpretación, que ya ha sido planteada por otros ensayistas y que explica de alguna manera como un orden social avanzado como el que refleja la Constitución en su letra, fue posible porque las corrientes ultraliberales o hayekianas eran minoritarias entre nuestros políticos, a izquierda y derecha, por no decir que eran una extravagancia del momento limitada a algunos clubs elitistas -donde destacó Esperanza Aguirre, por cierto-.
Alguna anécdota, sobre como la aportación de que nuestro texto constitucional recoja un artículo favorable al acceso de los trabajadores a los medios de producción no fue obra del PCE sino del diputado aliancista Licinio de la Fuente, dice mucho sobre la cuestión. Y plantea también, que las grandes diferencias entre la izquierda y la derecha, y también los grandes conflictos dentro del propio centro derecha -UCD y AP- vinieron no por el modelo económico a seguir sino por las costumbres: familia, divorcio, aborto, libertades, pena de muerte y memoria de Franco. ¿No da que pensar? Treinta y pico de años después existe de nuevo un consenso mas o menos matizado en las políticas económicas, eso sí en posiciones de 180º al existente en los 70: prominencia del mercado, desregulación, liberalización, privatización etc., y la izquierda y la derecha siguen confrontando por lo mismo, las costumbres: aborto, Franco, familia, libertades
¿Curioso no? Como dice Forges: País!!!!!
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Oscar Cerezal
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Estos días me he leído uno de los escasos libros políticos, que tratan en primera persona sobre los políticos pero no están escritos ni para loarles ni para difamarles. Me refiero al libro de Pilar Rahola La mascara del Rey Arturo, un ensayo-entrevista fruto de muchas horas de conversaciones con el lider de CiU Artur Más y con gente de su entorno, además de una mirada directa a muchos encuentros, reuniones, debates del día a día del personaje en cuestión. La verdad es que no voy a recomendarles dicho libro, puesto que creo que es de lectura limitada a los directamente interesados por la política catalana y para algún investigador o politólogo freaky como yo, pero si me ha surgido una reflexión que quiero compartir: la notoria ausencia en nuestro país de verdaderos libros de la política o de los políticos como en otros países de nuestro entorno. Y no me refiero a libros donde el analista de turno hace partidismo descarado. Sino textos al estilo del de Rahola -que ahora en serio, sí lo recomiendo porque es muy ágil y hasta sorprendente, porque ha conseguido que me caiga bien el personaje sin tener todavía claro si a la autora también-, que por cierto hace no mucho leí uno sobre Sarkozy de Yasmina Reza, que también recomiendo.
Libros que sirven para conocer en profundidad a los políticos y sus políticas, no como les gustaría que les conociéramos sus gabinetes de imagen, sino como las muestran personas independientes, no hostiles pero tampoco indulgentes.
Y es que en nuestro país, este tipo de aventuras por parte de la llamada clase política, no es habitual. Por no hablar de la falta de material propio escrito por políticos mostrando sus opiniones o modelo. Eso en Europa es impensable. Todo aquel que aspire a algo en política debe escribir o publicar libros donde desnude sus pensamientos. Ejemplos: el propio Sarkozy, dirigentes de la izquierda francesa como Segolene Royal, Manuel Valls o el centrista Bayrou, el conservador británico David Cameron o el democristiano de centro izquierda italiano Ruttelli
¿Alguien se imagina esto en un político en activo en España? ¿Dejar por escrito pensamientos que no se pueden borrar? Y eso que con los blogs algo ha mejorado, pero todavía somos sólo los políticos temporales o de bajo nivel los que nos atrevemos a mostrarnos a cuerpo y sin temor a expresarnos libremente
A mi la verdad me gustaría saber más de quien aspira a gobernar mi país, mi región o mi ciudad: que le gusta, que no, que opina de literatura, del aborto, de las drogas, de la educación, que experiencias ha vivido, cuales quiere vivir, como es de verdad en el día a día con su familia, compañeros, que
, pero de verdad de las buenas ¿eh?, no las palabras políticamente correctas que le dictan al oído su jefa de prensa o su asesor de comunicación. Ya se que soy un iluso
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Oscar Cerezal
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Estos últimas semanas, que paso muchas horas en los servicios sanitarios públicos de Madrid, veo y escucho muchas cosas. Veo y escucho, como los profesionales sanitarios madrileños sufren un recorte de personal importante; veo y escucho, como hay suplencias de suplencias este verano; veo y escucho como pese a todo esto, hacen su trabajo con una vocación y un compromiso a prueba de Esperanzas, Lamelas, Guemes o ahora, mi amigo Lasquetty. Digo esto al hilo de que no puedo tener mas que palabras de agradecimiento a la labor que desempeña los sanitarios públicos de Madrid en general y en particular los del Hospital Universitario de La Paz. Y digo esto también, porque las encuestas sobre nuestros dirigentes autonómicos, no dejan para nada bien parada a la presidenta Aguirre y a su gobierno, en general y a su política sanitaria en particular.
Los datos son concluyentes:
Casi la mitad de los madrileños suspendemos la gestión de Esperanza Aguirre.
Valoramos positivamente las infraestructuras y la seguridad, pero muy mal la sanidad, educación, vivienda
La mayoría consideramos que la corrupción está muy extendida en Madrid (de esta crítica no nos libramos tampoco ni los Ayuntamientos ni el gobierno central)
Se valora positivamente su experiencia y desparpajo, pero negativamente su actitud de confrontación, su capacidad y su política.
Estos son datos desgranados por el Centro de Investigaciones Sociológicas y que forman parte de un estudio sobre todos los gobiernos autonómicos.
En Madrid, hay una realidad de desencanto mayoritario con las políticas del PP, pero también una idiosincrasia particular que refleja este estudio: la mayoría de los madrileños se reconocen como de centro, aunque algo escorados hacia el centro izquierda y están muy influenciados por la política estatal a la hora de decidir su voto. Algo lleva fallando durante muchos años para que esta mayoría social de centro moderadamente progresista, se convierta en una victoria tras otra en las urnas de la derecha mas de derechas del PP a nivel nacional ¿no? Porque este estudio del CIS da una idea del porqué gana Gallardón, pues su perfil es reconocido como afín con el que los madrileños se identifican mayoritariamente, pero para nada tiene que ver con el de Esperanza Aguirre o el que proclaman sus apoyos mediáticos regionales (Telemadrid, Es Radio, Intereconomia, Veo
). Hagámonoslo mirar
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