|
Por Yolanda Villavicencio. Los ciudadanos no se resignan y siguen planteando en la calle lo que ni
el Gobierno madrileño ni el Parlamento regional quieren escuchar: su
rechazo a una educación concebida como negocio en el que las familias
son tratadas como simples clientes.
El 80% de los centros concertados pertenecen a órdenes religiosas.
180.000 metros cuadrados de suelo público cedidos en el 2008 para
centros privados. Y es que la presidenta se lo gastó casi todo en
concertar, es uno de los motivos que moviliza y acrecienta el
descontento de la comunidad educativa y ciudadanos en general, que no
se resignan a la política privatizadora y segregadora de la sanidad y
la escuela pública, del PP.
Porque la deriva y abandono de la
educación por parte del gobierno de la región clama al cielo y no
amilana, ni reduce los esfuerzos de la comunidad educativa para
mantener la denuncia, a falta del diálogo sin respuesta que pide de
forma permanente. La conciencia pública está despertando, ante
posiciones tan conservadoras que consideran a los laicos sectas,
mientras todos queremos sobrevivir a una escuela clerical.
Y
es esa actitud la que está provocando y generalizando la respuesta allí
donde hay un desmán. Es allí donde los vecinos se organizan como ha
ocurrido esta semana con la entrega de más de 6.000 firmas para
protestar por el furtivo y alevoso cierre del bachillerato nocturno del
IES de San Cristóbal de Villaverde. Los encierros empiezan a proliferar
en los distintos centros educativos de la Comunidad e irán a más.
Los
ciudadanos, cansados de no ser escuchados, sin respuesta de la
contraparte, han decidido no resignarse y llevar a la calle lo que en
el Parlamento regional no se atiende, una Cámara que además sigue con
las tribunas enmudecidas. Y no es de extrañar porque la idea educadora
del PP se refiere a esos lugares cerrados tradicionales, un modelo que
no invita a la creatividad y a la curiosidad por aprender, sino al
fracaso. Porque si la educación es un arma cargada de futuro, como dijo
el poeta, irá en contravía del elitismo y de esa escuela para pocos,
aunque la democracia permita que entren todos.
Porque una
escuela para todos y todas, necesita un ambiente abierto, necesita
maestros motivados y con pasión por lo que hacen, que sepan ver futuro
en los ojos de sus alumnos, donde estos sean protagonistas, una escuela
científica y no dogmática, abierta a las soluciones diferentes, a los
problemas del mundo de hoy, un lugar para que las familias participen y
no esa que quiere imponer el pepe de la CAM, como negocio y empresa,
donde las familias son tratadas como clientes.
Yolanda Villavicencio M.
es diputada Socialista Asamblea de Madrid. Es licenciada en Económicas
y Ciencias Empresariales, especialista en Cooperación Internacional al
Desarrollo, especialista en Mujer y Desarrollo, máster en Migraciones y
Relaciones Intracomunitarias y en los últimos ocho años ha dirigido la
entidad
AESCO, especializada en migraciones, cooperación al desarrollo y codesarrollo.
|