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¿Es posible la democracia en Pakistan? ¿Hacia donde puede caminar este estado tras la muerte de Benazir Bhutto?
Pakistan, con una población de 144 millones, es una república federal de corte islámico.
Potencia nuclear, su futuro y su estabilidad preocupa a occidente. EEUU ha mantenido una idílica relación con el actual dirigente pakistaní, el general Musharraf. Pero el reciente asesinato de la principal lider de la oposición hace tambalearse la confianza en el liderazgo del veterano general. Más aún. Sobre los supuestos avaces democráticos que iba a impulsar.
Si a un sistema democrático se le reconoce por la existencia de un gobierno elegido por el pueblo y unos partidos de oposición, que aspiran al mismo. Sin interferencia de poderes fácticos ajenos al sistema. Entonces es obvio que a Pakistan le queda todavía mucho camino que recorrer.
El general Musharraf se apoderó de todos los resortes de poder del país con el apoyo del ejercito. Y se mantiene con el apoyo de él. En este contexto, es difícil ver un futuro democrático real a corto plazo. La muerte de la principal lider de la oposición en atentado terrorista, lo confirma.
La realidad política de Pakistán habla de un gobierno y una principal fuerza de oposición. Existen la base política de poder de Musharraf y la oposición que se venía agrupando en torno a la ex primera ministra Benazir Bhutto y su Partido Popular de Pakistán. Pero existen otras dos fuerzas externas que tienen un gran peso y que no participan del sistema democrático.
Una de ellas es el Ejército adiestrado al estilo occidental, bien manejado y propenso a subordinarse al mando de los políticos civiles en caso de que sus decisiones y acciones correspondan a los criterios de la máxima jefatura del Ejército. Al mismo tiempo, la rotación de cuadros en ese mando es una cuestión netamente departamental que poco depende del cambio de figuras en el estableshment político civil.
¿Qué funcion cumple dentro del sistema? Tradicionalmente se la vincula con la propia función que ha tenido el ejercito en Turkia. Es un poderoso elemento estabilizador que evita radicalizaciones europeizantes o islamístas. En el primer caso debido a su repulsa de la condescendencia excesiva de los políticos civiles a las presiones externas (ante todo, la norteamericana). Precisamente este hecho motivó en 1999 la destitución del entonces líder civil del país, Nawaz Sharif, y la llegada al poder del comandante de las Fuerzas Armadas, Pervez Musharraf.
Como en el caso de Turkia. Evitando elementos de tensión, el sistema de colaboración poder civil y militar, funciona. Y más, cuando al frente de Pakistán se encuentra un general como Musharraf. Cualquier otra situación, independientemente del guión de su desarrollo, sería menos estable desde el punto de vista político. Bhutto era un elemento de "tensión" según el ejercito. Y su muerte ha puesto en el punto de mira un modelo de confraternización de lo político y lo militar demasiado peligroso.
Pero en los últimos años ha tomado protagonismo un cuarto elemento dentro la política pakistaní. A este respecto es necesario prestar atención al fundamentalismo islámico de corte extremista, ese nuevo actor en el contexto de la política interior que ha cambiado a fondo su estructura. Parece que tiene intención de quedarse e influir por un largo tiempo. Y además lo hará con el beneplacito de una vecina Afganistán donde el poder del Gobierno prooccidental de Karzai se limita en realidad a unos cuantos barrios de Kabul y donde los verdaderos dueños de los enormes territorios de difícil acceso del país son los talibanes, portadores de la ideología del fundamentalismo islámico.
Acontecimientos como los que sucedieron en la Mezquita Roja de Islamabad (verano pasado) se convierten en pruebas de fuego y de la fuerza que mantienen los grupos extremistas islámicos, una especie de candidatura a participar en el sistema y en sus beneficios. Algo que, sin embargo, el Ejército se encargó de neutralizar de manera decisiva y que confirma que con un ejercito fuerte el islamismo más radical no tendrá serias probabilidades de éxito.
Esta situación que comentamos es la que hace que algunos analistas políticos soliciten precaución en el intento de "democratización" (al estilo norteamericano) que se está fomentando desde el exterior y que podría convertir a Pakistan en otra Afganistan. Esta vez con un arsenal nuclear al que temer. Hay que recordar que tiene unas 40 cabezas. Con misiles balísticos capaces de transportar estas cabezas. Y con un sistema de proteccion del arsenal, que ya ahora, se teme poco util contra el robo o la activación descontrolada. Pero la realidad es que la influencia exterior podría convertir al ejercito en fuerza opositora o aislarla de la vida política. Con unas consecuencias realmente impredecibles.
La muerte de Bhenazir Bhutto podría hacer tambalear este sistema, como consecuencia de esta actual escalada de tensión interna que está agravando la situación política en Pakistán.
En este contexto es normal que se pida a los países occidentales el apoyo al actual dirigente, el general Musharraf, para evitar con ello una seria desastibilización del país, que tanto depende de la capacidad de la actual Administración paquistaní de lograr mantener la situación bajo su control.
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